Las personas son la savia de toda
organización y en la administración pública son los agentes de
su reforma y renovación. Los conocimientos, la aptitud, los
valores y las actitudes de los funcionarios son cruciales para
la eficacia del Estado.
No obstante, la revitalización de la
administración pública debe enfocarse desde una perspectiva
holística. Por ejemplo, la capacitación de los funcionarios no
se puede desligar de las expectativas de rendimiento en sus
funciones o puestos específicos. Los planes de desarrollo de los
recursos humanos y del rendimiento del personal no se pueden
separar de las metas y los objetivos de servicio de la
organización empleadora y las metas y la estructura orgánica no
se pueden desconectar del conocimiento del marco de política, en
particular de la demanda de servicios por parte de los
ciudadanos.
A su vez, las metas, las prioridades y el
rendimiento esperado de una organización no se pueden determinar
sin tener en cuenta el marco más amplio de los objetivos
nacionales y de política del gobierno y el contexto
socioeconómico general.
Los dirigentes políticos son los principales
agentes movilizadores para ajustar la creación de capacidad en
la administración pública a los objetivos nacionales de
desarrollo. Es difícil revitalizar la administración pública de
un país sin contar con dirigentes eficaces y decididos. Aunque
el desarrollo de marcos institucionales y de política adecuados
es muy importante para la revitalización de la administración
pública, los dirigentes políticos son quienes impulsan
básicamente el proceso de cambio. De hecho, un defecto
importante de muchos programas de reforma del sector público ha
sido la falta de un claro compromiso de los dirigentes con esa
labor.